Imposible

Enero 16, 2008 por plurales

Es imposible no entender la historia-triángulo de amor que sucede en “Angels in America” entre la pareja de gays y el mormón reprimido. No voy a decir que sea mi parte favorita de la serie, porque esos seis capítulos intensos se disfrutan dependiendo del ánimo de cada día, y hay para -casi- todos.

También es difícil no entender el drama de Julianne Moore en “Las Horas”. O el de los protagonistas de “El Lenguaje Secreto de las Grúas”, o el de muchos de los personajes que moran las canciones de Iván Ferreiro,  o, qué sé yo; por culminar, a Viggo Mortensen en “Extraño Vínculo de Sangre”: sabe que nunca podrá estar en un sitio más tiempo del que le permita su cabeza, que el amor a otra persona es siempre relativo, que la estabilidad existe porque existen las tempestades, que la lealtad y la traición son una misma cosa vista desde dos puntos de vista.

Yo siempre digo que en realidad siempre se son tres en una relación. Tres que, en realidad, son cuatro, porque hay dos que sólo juegan por parte de un lado de la pareja. Dos son los protagonistas; los otros dos, las ventanas por las que se toma aire, en el sentido más amplio de la palabra. Un tiempo después, entra en la partida el egoísmo: ¿quiero más al otro, o me quiero más a mí? ¿Mi felicidad es su felicidad, o no tiene nada que ver?

En el imposible mapa de tramas de la vida de cualquiera, sólo domina el caos, a pesar de que la puta razón se empeña en intentar ordenar lo que va pasando. Si fuera un romántico empedernido, podría hablar de impulsos y de la tendencia a la tragedia; como estoy en el extremo contrario, pienso que algunas personas necesitan unos gramos de autodestrucción para sentirse más vivos, o apreciar lo que poseen, o que cada cual escoja sus razones. Sólo sé que siempre hay un momento, apenas unos segundos, en que uno es capaz de verse a sí mismo desde fuera, y sólo ahí, en ese intervalo, es capaz de dar marcha atrás. Después… después ya estás subido en la montaña rusa. Y como mucho, en algún lado suena aquello de “…ella no me imagina cazando en los bares, viviendo deprisa…”.

A partir de ahora, mi querido amigo X, no tengas miedo, que nada es tan importante como estar ahí cuando es necesario. Pienso que todos tenemos derecho a un espacio individual y a uno compartido. Y siempre se acaba encontrando el entendimiento para con uno mismo. Suerte y ánimo.

Las Familias

Diciembre 30, 2007 por plurales

Vale, pues el post de “La Bestia” no va a ser el último que escriba desde el aeropuerto… pero es que me hierve la sangre con la manifestación de marras que ha tenido lugar hoy en Madrid, esa extraña defensa de la familia que no sé bien por qué hacía falta hacer.

Vamos a ver: soy hijo de una familia, obviamente, que, además, conforme han ido pasando los años sigue funcionando como tal, y tiene pinta que siga así por unos cuantos años más. Por tanto, no tengo absolutamente nada en contra de dicha institución. Me ha arropado siempre, y sé que padre, madre y hermanas son el único hogar que van a acogerme pase lo que pase.

Sigamos viendo: soy homosexual, lo que significa que cuando un heterosexual se enamora de una mujer, yo me enamoro de un hombre. Así de sencillo. Vivo con mi pareja en una casita con una existencia absolutamente convencional para dos personas que se quieren. Intento que él esté bien, y él intenta que yo esté bien. No sé para quiénes somos una amenaza, la verdad. Somos vecinos amables y ni siquiera armamos jaleo ni ponemos la música muy alta. Puesto que aparte de sentimientos e inquietudes, compartimos gastos y procuramos meternos en los fregaos juntos, si nos diera un viento fuerte y atronador en la cara y decidiéramos casarnos -que no-, ¿qué nos diferenciaría de una pareja heterosexual? Vale, no podemos tener hijos, la naturaleza no nos ha dotado de ello. Este es el argumento que con más fuerza se enarbola en estos casos. Sin embargo, no sólo comemos para sobrevivir, ¿no?, porque si no no servirían de nada las papilas gustativas que tan bien nos vienen para saborear el delicioso chocolate… pues eso, idem para las terminaciones nerviosas en las zonas erógenas.

Sigamos viendo un poco más: son muchos los conocidos que se han divorciado. Todos coinciden en algo: seguir con esa relación era terriblemente dañino para los dos miembros. Convivir por la fuerza con alguien que no soportas o que no te soporta acaba por dañar en lo más hondo de la persona. Que sí, que un divorcio tiene una serie de secuelas tanto para los implicados directamente como para los no tan directos -hijos, seres queridos próximos-. Pero peor es, desde luego, el calvario, día tras día, en una casa. Por lo general, suele ser bastante desagradable el camino desde que comienza la separación hasta que culmina todo el proceso. No he pasado por ahí, pero me parece acertado cualquier agilización de dicho trámite. Una pareja se sustenta en muchas cosas -amor, comprensión, confianza, sexo… cada cual sabrá sus motivos-, pero ninguna es la obligación de permanecer juntos porque sí.

No entiendo, por tanto, por qué se sienten amenazadas ningún tipo de familias. De hecho, es reconfortante ver cómo se reconoce, cada vez, la existencia de un mayor número de tipos. Yo formo parte de un par de familias al menos, la que me crió, la que yo creo, y la que formamos con un par de amigos íntimos a quienes cuido y me cuidan con todo el cariño del mundo. Y no soy -ni somos- una amenaza para nadie. De hecho, es más bien al contrario: son otros los que no quieren que haya un hueco para mí y tantos como yo.

Pero, sintiéndolo mucho, el mundo es muy muy amplio…

La Bestia, de Anders Roslund y Börge Hellström

Diciembre 29, 2007 por plurales

Este será, probablemente, el útimo post que escriba desde el aeropuerto.

La tarde está tranquila, y acabo de terminar de leer “La Bestia”. No sé dónde la recomendaban como ejemplo de nueva novela negra. Lo de “nueva” me atrae y me tira para atrás a partes iguales, con lo cual prefiero evitar dicha palabra. Novela negra es, desde luego. Muy negra. Y apasionante, como las buenas novelas negras. Narrada, paradójicamente, con una frialdad y una contención propias de los nórdicos, claro, es la historia de un pedófilo asesino que consigue escapar de la cárcel y se dispone a cometer un nuevo crimen. Las ramificaciones de la historia son muchas y muy variadas, pero cumplen su misión: abarcar absolutamente todos los puntos de vista sobre el viejo debate de la ley-jurídica vs. la ley del “sentido común” (en el más amplio y menos positivo) de los afectados en un caso de asesinato. Un premio se merecerían estos dos autores sólo por el hecho de introducir, de un modo absolutamente maestro, una historia nueva a tres cuartos del final del libro, y que ésta no sólo no moleste sino que entre como la seda y sea vital para el significado final de la novela.

La frialdad y falta de artificios “literarios” llega al alma como un bisturí cuando se permiten inmiscuirse en la cabeza y el corazón de alguno de sus personajes; esto, sólo sucede en pocos momentos, muy escogidos, muy significativos. “La Bestia” critica el sistema legal actual, el penitenciario, pero no da soluciones. Ilumina, eso sí, con absoluta lucidez, los problemas, pero no es una tesis doctoral, y eso hay que tenerlo claro: la diferencia entre una buena novela -para mí, ésta- y una novela pedante es que la segunda te ilustra, mientras que la primera te enseña dónde comienza un camino. Y es, aquí, con la historia de Fredrik Steffansson, donde alcanza su cima: un hombre que no es un asesino no está hecho para matar a otro hombre. Así de sencillo y así de contundente.

Veinticuatro-veinticinco de diciembre

Diciembre 24, 2007 por plurales

Como todos los años, la red de telefonía móvil lleva caída al menos tres horas. Es imposible mandar un puñetero sms, y los que llegan son de las ocho de la tarde o así… y son las 23:51.

Turno de noche en el aeropuerto… pero no hay nada que temer. El último vuelo es dentro de media hora, y el primero de la mañana es a las siete menos cuarto. Poco trabajo, pocas ganas de estar aquí… pero mejor, al menos, estar rodeado de gente con buena disposición que como en otros años.

Hace dos, de hecho, cogí el metro a las ocho y poco, en Suances, final de línea verde, de manera que cuando llegué a Callao me bajé, pues ya no me daba tiempo a hacer el trasbordo. Fue una visión privilegiada del centro de Madrid: ni un alma en las calles, nada de nada; como un Will Smith cualquiera, pateándome el centro camino de Lavapiés. Todas las luces de las casas encendidas, pero nadie, NADIE, cruzándose conmigo. Y sólo una tienda de chinos abierta, donde compré nata montada para un postre que me había preparado. En fin, dulce navidad.

Lo bueno es que me acostumbré a eso; por eso, este año esto parece una gran celebración.

 Felices Fiestas.

Charlie Clouser

Noviembre 29, 2007 por plurales

Antes de que me la quitaran, definitivamente, de la cartelera, corrí a Kinépolis, uno de los últimos sitios en donde quedaba, a ver “Silencio desde el mal”, de James Wan. La peli, realmente, no es gran cosa a pesar de tener su puntito a ratos, pero sí que me llevé una sorpresa bastante grata…

Creo que es más fácil, desde luego, componer una banda sonora obvia para una película de terror que romperse la cabeza e intentar hacer algo mínimamente creativo. Buenos ejemplos de esto son las músicas de Christopher Young para “The Grudge” o su secuela, o de Hans Zimmer para “The Ring”, por ser dos películas que bien hubieran podido ser meros trámites en las carreras de ambos autores.

La de “Dead Silence” la compone Charlie Clouser. He de decir que, desde que vi la película, llevo recordando la musiquilla infernal. No conocía a este autor de nada, y la banda sonora no tiene visos de editarse en España. Se puede pillar en amazon, claro, o en www.rosebudbandasonora.com, pero a efectos de precio da lo mismo pedirla por un lado o por otro. Llama la atención un comentario de un cliente en amazon, donde viene a decir algo así como que la música la disfrutará tanto el que busque una buena composición con toques oscuros como quien -como él-, sea escritor y se inspire en la penumbra con sonidos en el aire.

Resulta que el tal Charlie Clouser tiene cinco bandas sonoras por ahora -más en camino, según imdb-: los cuatro “Saw” y esta. Y resulta que es medio heavy, que dicen de él que sus mejores momentos los ha tenido formando parte de Nine Inch Nails y remezclando, porque tuvo un momento de gloria a finales de los noventa.

No había oído hablar de este hombre en la vida, lo juro, pero ahora estoy obsesionado con él. Así de sencillo. Qué pasada de música se ha currado, y aunque probablemente nunca será una estrella ni vaya a ser nominado a los oscars, el tío perro sigue ahí, dando guerra desde su esquina y, oye, a mí ese tipo de propuestas me ponen. En cuanto acabe de escribir esto -ya-, me lanzo a meterle mano a un par de escenas más del nuevo guión.

Saludos.

Racine 2-Overpowered

Noviembre 23, 2007 por plurales

El pasado día 15, tal cual se anunciaba, me pateé la mitad de los centros comerciales del centro buscando el pack “Hostel-Hostel 2″, pero de nuevo, me dijeron, habían retrasado su comercialización. Con la fiebre consumista a flor de piel, tanteé en Fnac un par de discos que, por supuesto, no estaban -NUNCA ESTÁN LOS DISCOS EN FNAC-. Como casi siempre, aunque los dependientes no lo saben, estaban los dos en El Corte Inglés. Y, oye, qué buena compra…

 El primero es el “Racine 2″ de Wendy James. Qué divertido es este disco, tan clásico y moderno -por no dejarse llevar por la modernidad, a su vez-: no paro de acordarme de cómo en el concierto nuestra querida Wendy ManosPequeñas las movía cada vez que gime en el estribillo de “Way”. Sí, una sorpresa la mar de refrescante.

El segundo, en el extremo opuesto, fue el “Overpowered” de Roisin Murphy. A pesar de que la primera escucha fue un poco decepcionante, es de estos discos que en mi cabeza ha empezado a crecer y crecer y crecer… Sin palabras, no voy a decir lo que miles de blogs están repitiendo por doquier, pero es que es fabuloso. El colofón fue ver el otro día el vídeo del single, de una sencillez aplastante… y conmovedor, no sé por qué, como pocos. Pasar no pasa nada, pero ver a esta chica rubia caminar por la ciudad de noche… tiene algo. Imagino que conmueve el vestido, ya que al principio del vídeo uno piensa “la excéntrica esta no puede vestirse como todo el mundo”, y cuando termina es, precisamente, el vestido lo que la vuelve anónima y minúscula y, qué sé yo, creo que hay que verlo para juzgarlo.

El caso es que a Mr. Eli Roth lo compraré, ya, el mes que viene, y ahora me quedo con mis dos rubias, que no paran de hacer duetos en el mp3.

Saludos!

Iain Banks

Noviembre 12, 2007 por plurales

Qué me gusta a mí este hombre, demonios.

 Acabo de terminar de leer “El Puente”, publicada hace poco en España, pero que tiene unos doce o trece años, más o menos. Más o menos, imagino, lo que llevo siguiéndole la pista al autor. Irlandés, por lo que me contó una amiga, en Edimburgo se venden sus novelas en los quioscos, como si del mismísimo Stephen King se tratase. Es un autor peculiar: cuesta entrar en sus novelas, y justo cuando uno dice “hasta aquí he llegado, paso de seguir”, se da cuenta de que está enganchado y tiene que seguir. Lo primero que leí de él fue “Cómplice”, un thriller más… no, porque lo protagoniza el que probablemente sea el mejor personaje que ha creado hasta la fecha, Cameron Colley, ambiguo, desquiciado y lúcido a la vez, sufrir una historia de asesino psicópata a través de los ojos de este hombre es toda una experiencia, lo aseguro. Después, “La Fábrica de Avispas”, que es su primera novela y, contra todo pronóstico, a pesar de lo retorcido de su argumento, la más accesible de todas, deslumbrante y sorprendente al final.

De ahí pasé a “Pasos Sobre Cristal”, que abandoné en ese punto que mencioné antes hasta que, un verano, no tenía nada que leer y retomé de nuevo. Es quizás la que tarde más de todas en engancharte, pero lo acaba haciendo, y la experiencia tiene sentido.

Luego, una de las grandes: “Aire Muerto”. Con bastantes ecos de “Cómplice”, curiosamente juega sus cartas de un modo inteligente, tanto para iniciados como para no iniciados. Es la historia de un locutor de radio que se ve inmerso en una conspiración extraña. Sin embargo, las tintas están cargadas en el personaje y su relación con una chica, y conforme vas leyendo, te vas emocionando con ellos, con sus intimidades y las veces que se encuentran… y cuando llega el final, de pronto, entiendes la verdadera dimensión de este locutor obsesivo.

Y, finalmente, “El Puente”. Está claro que este hombre convierte cada novela en una experiencia de conocimiento. El resumen del libro es el mayor enemigo de la edición española, porque cuenta demasiado -y mal- la situación de partida. Entre ese primer estadio de planteamiento de sus historias que es capaz de arruinarte la lectura, y que el resumen te dice una cosa y tú, como lector, intentas encajar lo que lees dentro de ese esquema, se hace bastante complicado llegar hasta la página cien, más o menos, salvo que adores al escritor y tengas fe ciega en él. Sin embargo, conforme empiezan a encajar las piezas, a encaminarse el asunto con pasión -sí, esa es la palabra-, se te olvida el resumen, dejas de preguntar para sólo recibir gustosamente lo que va sucediendo… y aunque hay un exceso de explicaciones en un par de hojas del tramo final, el conjunto es deslumbrante, de verdad. Lo mejor: la estructura, un prodigio observada a gran escala. Y un emocionante análisis -más- de la cabeza de otro gran personaje de quien, eso sí puede contarse, nunca sabremos el nombre.

Saludos.

noviembre

Noviembre 11, 2007 por plurales

Recuerdo que, en la facultad, me marcó una frase de Fernando Pessoa. Dijo que cuando muriese, sería por la melancolía.

 Noviembre no es ni invierno ni otoño. Es un mes bisagra. Un tramo de carretera entre una estación y otra. Las épocas de tránsito me ponen básicamente en gama baja: imagino que me planteo, una y otra vez, qué sigue igual y que se ha alterado, hacia dónde me encamino, si quiero estar ahí, qué voy a sacrificar para llegar y cuánto esfuerzo estoy dispuesto a dedicarle.

Están sucediendo los cambios. Voy todos los días, de lunes a viernes, en un tren hasta una universidad del sur de la comunidad de Madrid, como hace años que no hacía, a clase. De nuevo meterme a estudiar guión ha despertado viejos anhelos que, si bien nunca habían desaparecido, sí que es cierto que se adormilaron -y bastante- tiempo atrás. Ha vuelto insufrible el trabajo en el aeropuerto: ante algo que apasiona, el resto se vuelve realmente gris y apagado. Llevo desde las putas ocho de la mañana sentado delante de este ordenador, y no veo la hora que lleguen las ocho de la tarde.

Se conoce a gente. A otra gente. Salimos una noche, hace unos días, y fue agradable. Algo emocionante, en algunos aspectos. Creo que hay una cierta energía erótica en conocer a alguien con dos copas encima, y plantando sin tapujos historias que apenas se mencionan en condiciones normales, y más si existe un abismo insondable entre ambos: sabemos que no vamos a acabar donde acabaríamos si nos hubiéramos juntado en otro momento de nuestras respectivas vidas.

Estoy siendo testigo de cómo alguien querido y muy cercano sale de un túnel. Es un proceso fascinante. Cambia la forma de mirar, como si antes no hubiera nadie tras los ojos y ahora está la curiosidad de un animal camuflado. El otro día, revisando “El Libro de la Selva”, me emocioné pensando en lo importante -imprescindible- que es conectar las necesidades de uno con sus deseos reales más profundos. Como si primero hubiera que aprender a indentificar qué demonios es ese desasosiego que no nos deja en paz, para después acumular energía y poder encaminarlo con acierto.

Es rara la melancolía. Lo mismo da de mirar para atrás que de asomarse hacia adelante.

Un Sueño

Noviembre 7, 2007 por plurales

Lo he tenido esta tarde, y me ha costado deshacerme de él al menos dos horas después de haberme despertado. Hoy tenía turno de noche, así que me decidí a echar una siesta. En el sueño, salía a toda prisa de casa para llegar al trabajo, pero cuando estaba en la puerta me daba cuenta de que había llegado dos horas antes. ¿Qué podía hacer? Parece ser que estaba cerca el Retiro, y me iba allí. Pero no era el Retiro tal cual: realmente, era una mezcla de la Alhambra y el Parque de Atracciones de la Casa de Campo. Estaba lleno de gente, y para no perder mi mochila la dejaba en consigna. Pero, luego, tras dar un par de vueltas, era incapaz de recordar en qué consigna la había dejado. Eso me sacaba de quicio, y emprendía una búsqueda desesperada por todo el parque, pero no había forma.

Subía una calle empinada bordeada de casas nazaríes de cartón piedra, me metía en una de ellas y subía una escalera enrevesadísima, sólo para llegar a una puerta de rejas. En ese punto, me desplomaba y echaba a llorar: me decía a mí mismo que ya no tenía ánimos de seguir luchando. Me caía al suelo, me faltaba la respiración: oía a mi alrededor voces de personas, pero no podía identificar quiénes eran, a pesar de que algunas me resultaban muy familiares.

Finalmente, mi pareja aparecía con un helado de chocolate, y me hacía prometerle que no iba a trabajar al siguiente fin de semana y sí a descansar.

Lo juro: la ansiedad que sufría en el sueño la he conservado en la realidad durante un par de horas.

madrugada del domingo al lunes

Octubre 22, 2007 por plurales

Curiosamente, ahora estoy leyendo “El Puente”, de Iain Banks. En ella, la víctima de un accidente automovilístico ha perdido la memoria y está internado en un psiquiátrico modernísimo y, a la vez, anclado en una suerte de medioevo contemporáneo.

¿Qué hay, ahora, a mi alrededor? Son las 2:53 de la madrugada. Silencio absoluto. Luces muy bajas, sólo brillan las pantallas de los ordenadores. En la fila de delante, dos chicos ven películas en un dvd portátil. Ante ellos, en la pared, el videowall muestra todas y cada una de las cámaras de los túneles que atraviesan este lugar. Detrás, más pantallas con los sótanos motorizados.

Recuerdo que, cuando llegué esta tarde, un poco antes de las 20:00, se veían perfectamente las siluetas de las cuatro torres en construcción de Madrid.

Hoy da un poco de vértigo estar aquí. Mañana, vuelvo a estudiar. Intentaré dormir algo cuando llegue a casa dentro de unas horas. No quiero llegar con sueño al primer día de curso. Estoy impaciente y asustado.